Ser mediocentro en Islandia

Debe ser como estar visitando el volcán Eyjafjallajökull un 29 de diciembre de 2017 después de que esa misma tierra la pisaran decenas de periodistas en la erupción de abril del 2010. Sabes que desde ese mismo lugar se le privó al Barcelona de una final de la Champions, pero sentirse desamparado es inevitable. Nadie pasa por allí.

No importan los éxitos o reconocimientos que pueda recibir la Selección islandesa si juegas como mediocentro en la Úrvalsdeild Karla, la máxima categoría del fútbol islandés. Nadie querría estar en tu lugar, porque es la nada más absoluta. Sólo hay dos pivotes menores de 21 años en la liga, y sólo uno de ellos es titular. Es el paso intermedio que todos los centrocampistas islandeses que quieren disputar Eurocopas y Mundiales sueñan con saltarse.

Algunos lo consiguen, otros como Alex Thór Hauksson suben un 29 de diciembre de 2017 a ese maldito volcán. Tiene 18 años, le será difícil encontrar a alguien que le saque del ostracismo, pero si no es ahora no ocurrirá nunca. Islandia lo necesita. La Knattspyrnusamband Íslands (Federación de Fútbol de Islandia) lo sabe y es por ello por lo que fue premiado como el mejor jugador joven de la Úrvalsdeild. Es un galardón que han ganado cuatro componentes del combinado islandés como Hallfreðsson, Guðmundsson, Finnbogason y, por último, Böðvarsson. La recompensa para Thór es un reconocimiento al papel del mediocentro en el fútbol islandés. Un reclamo para las próximas generaciones.

Desde el paradigma que nos sirve el fútbol español observar a Hauksson con buenos ojos es un ejercicio de bondad. Ver a Thór jugar con el Stjarnan es ver otro deporte. Es un mediocentro al que, a lo sumo, le dejan dar sus compañeros 20 pases a ras de césped por partido. No deja de sorprender aún con el paso del tiempo que sea uno de los centrocampistas que más pases rasos da del campeonato. De esos 20 buena parte son horizontales, algo extraordinario desde el paradigma islandés. Tan extraño como ser el único en ofrecerse en una salida de balón lavolpiana en la que el otro pivote se sitúa a su lado mientras Thór le grita que se vaya hacia delante.

Pasar por estas penurias es lo que le hace especial. Lleva otro ritmo, se nota que sabe más que los demás y que los hace jugar mejor, pero le penaliza no destacar por sus compañeros. En ocasiones parece el peor porque es el único que se niega ser como los demás. Puede parecer un jugador pobre para el fútbol más occidental porque se queda a medio camino entre el típico futbolista islandés y el pivote medio de Europa. Está ”verde”, pero por algo es el debutante más joven del campeonato doméstico.

Muestra píldoras de lo que puede ser, pero no es suficientes. Siempre deja varios pases filtrados tensos y precisos con los que se llena de orgullo. Llega a llevar alguna que otra pared a buen puerto gritándole a sus compañeros By lágt! (¡Por bajo!). En incluso desde el pivote derecho de un 4-2-3-1 demasiado simétrico se anima con una conducción en la que divide y siempre consigue crear peligro al soltar el balón.

Thór no huye de su naturaleza islandesa. Por ello es indiscutible en el papel defensivo que desempeña en el Stjarnan. Porque va al choque, se defiende en el juego aéreo, protege realmente bien el balón y, sobre todo, defiende la frontal con creces. Es lógico, no es suficiente para ser profesional con 18 años en Europa, pero es lo suficientemente diferente como para prestarle atención. Es una canción de Sigur Rós entre el trap. Los islandeses ya lo están disfrutando.

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