¿Por qué Håland es la joven promesa nórdica del momento?

Desde la aparición de Ødegaard no se había visto un jugador tan brutamente superior como Håland en el fútbol noruego. Aun así, lo único que tienen en común Erling Braut y Martin es que debutaron profesionalmente con 15 años. En el resto son antagónicos, partiendo de que Ødegaard debutó en la Eliteserien con el Strømsgodset y Håland en la OBOS-Ligaen con el Bryne. Aunque con el paso del tiempo el ascenso de Erling Braut Håland ha sido igual de fulgurante que el de Martin Ødegaard.

Todo empieza para Håland con un despido. En 2016 el Bryne despide a Gaute Larsen debido a la situación caótica del vestuario y, en su lugar, entra Alf Inge Berntsen, el entrenador del segundo equipo. Un técnico que más allá de calmar los ánimos, además consigue intercalar en el once jugadores de cantera y cartera. Uno de ellos era Erling Braut Håland. 

Curioso es que sus dos padres, tanto el futbolístico como el biológico, compartan nombre. Con Alf Inge Bertsen debutaría como extremo izquierdo. Él, un delantero centro de formación. Cumplió y un par de partidos bastaron para que cualquiera viese que cerca de la portería rendía más. Lo de mejor vendría con el tiempo. Sobre todo porque en 16 partidos con un rendimiento notable alternando entre la delantera y la banda no consiguió ni anotar ni asistir. Algo así como tener una cita con tus sueños y no poder alzar la voz. El saber estar, eso fue lo que se llevó de aquella cita. Lo único que se consigue con el tiempo. Había crecido rápido, tanto lo mental como en lo físico.

Entre tanto tuvo tiempo a sus 15 años para probar con el Hoffenheim. No funcionó, volvió y con 16 años fichó por el Molde de Solskjær. A partir de ahí, 13 goles en 14 partidos con las categorías (sub-17 y sub-19) inferiores de Noruega, debut con 16 años en la Eliteserien y un póker de goles ante el Brann con 17 años. 

No es una historia de superación, es la historia de un portento físico. La de un futbolista con cuerpo de nadador. Debuta con 15 años la OBOS-Ligaen porque era más largo de piernas y brazos que sus rivales. Tiene potencial porque, aun con esa envergadura, tiene más cintura y unas piernas más afiladas que todos los que, como él, rozan los dos metros.

Es un monstruo. Tiene los andares de un jugador de baloncesto y la mirada de un personaje salido de una novela criminal de Stieg Larsson. Tiene lo mismo de showman que de perturbado. Feo, como los delanteros que marcan en las finales.

El día que lleguen las finales, algo todavía remoto, sus presencias se cimentarán sobre un zancada prodigiosa. Difícil de parar tanto en arrancada como en velocidad en incluso en una liga de élite. Sumándole a ello, además, una capacidad que parece no correspondida para dosificar. Todo ello sin balón, debido a que con él muestra una técnica irregular. Ha mejorado considerablemente desde su etapa en el Bryne, sobre todo en el primer control, pero tiene trabajo por delante para que el balón no quede tan lejos cuando el poseedor sea él. En Noruega seguía marcando la diferencia aun con el esférico porque hacía de todo y muy rápido. En Austria será otro cantar.

Otra de las acciones en las que se muestra rápido es en la definición. Ser tan ligero con tal envergadura y un desvergonzado con su pierna mala -la diestra- le permite golpear desde dónde y cómo sea. Es de gatillo rápido, no es un definidor, pero falla menos de lo que parece. Es un cachondo del gol, le encanta definir entre las piernas en los mano a mano o, en caso de haber superado al portero, dejar que la gravedad haga el resto tras un regate. Todo ello dentro del área, zona desde la que ha marcado todos los goles. Ninguno de cabeza, su gran debe. Superior a su nula efectividad desde fuera del área, donde todavía ha dejado ver un golpeo reseñable. Duro, como lo es a veces verlo rematar de cabeza en un cuerpo de 191 centímetros. Partiendo de que no controla dónde va a caer el balón o se sitúa demasiado cerca o demasiado lejos, al igual que sus controles. A partir de ahí, un timing descompasado hace el resto para que de un giro de cuello ortodoxo salga un balón manso.

Como lanzador de penaltis es un punto y aparte, literal. Aquí la pausa marca la diferencia. En lo más lírico de su fútbol, aunque el balón acabe estrellado en las redes con ira. Juega con el portero. Mira y carga la pierna como los elegidos. Su vínculo con el balón sólo se produce en estático, virtud que muestra en sus recepciones o descargas al primer toque. A más toques, más errores. De ahí que a veces sorprenda dando el último pase, que siempre se producirá en una jugada rápida. Paradójico que siempre destaque cuando son a ras de suelo. Por arriba le queda por aprender a posicionarse al saltar y a orientar balones divididos más allá de algún gesto grulla para la galería. Vuela en todos los sentidos, incluso cuando protege el balón.

El bonus-track es su técnica defensiva. No debería sorprender tratándose del hijo de Alf-Inge Håland, del que ha heredado su adicción al tackle. Obviando la genética, sabe emparejarse, oler la sangre e ir a degüello en la salida de balón. Él encabeza la cruzada contra los porteros que juegan los primeros toques en la Eliteserien.

La naturaleza de Håland hace que sea un delantero centro más encaminado a ser discurso que recurso. Ha respondido mejor como referencia que como revulsivo, sobre todo porque este papel le obliga a mostrar sus deficiencias tanto por arriba como llenando el área. Sobre el cuadrado incluso teniendo olfato es más ímpetu que presencia, aunque a tener en cuenta sobre todo entre el espacio entre central y el lateral. Esta inclinación hace que un equipo que favorezca las transiciones sea oxígeno para él. Necesita espacios, pero también los crea, por lo que un equipo replegado puede respirar sobre él.

Participa poco o poquísimo (8,7 pases por partido con un 70% de acierto) pero de formas y en lugares distintos. Donde es una amenaza latente es en el desmarque al espacio al borde del fuera de juego. Consigue fijar a los centrales y deja la zona limpia para un pase intermedio a un compañero que le permita ir al espacio. De hecho, una jugada reconocible del Molde y del noruego era el pase entre líneas de Forren a Eikrem mientras que Håland giraba con un sprint a la zaga rival. Extraña si le pillan en fuera de juego, es un maestro de los ataques relámpago. Conforme va ganando en técnica el movimiento fuera-dentro va asomando y dañando más. Sus zancadas pueden ser un faro sobre la banda, sobre todo jugando la baza de que es zurdo. Ya ha dotado de fluidez a algún que otro contragolpe desordenando atrayendo rivales en conducción (1,1 regates por partido) y cambiando de lado la jugada.

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Erling Braut Håland ante el Brann, encuentro en el que anota 4 goles (Vía Sofascore)

Siendo un delantero cerebral, en el juego interior Håland parece más de lo que es. Tiene lectura e incluso se sabe posicionar para recibir y dar el pase. Siempre obligado por las circunstancias. Son más pases o acciones para no perder la posesión que para crear ventajas, que raramente creará a través del pase. Se defiende sobre la arista del triángulo. De espaldas lo mueven fácilmente, aunque se trate de una liga tremendamente física como la Noruega. Es un continuador, pero jamás un recurso en estas lides. Al igual que en el área, entra en juego en estas situaciones más por rellenar un hueco que por calidad. Por su evolución técnica no es descartable que en unos años pueda sumar en estas acciones, porque aptitudes tiene.

Es hijo de su padre, de ahí el talento de Håland  en fase defensiva. Es el primer muro de contención, debido a que ejerce una presión dura tanto en salida de balón como en las segundas jugadas. Por su zancada es capaz de recorrer el hueco entre centrales y robar o mismamente robar en el envío del central al portero. Por tanto, al rival sólo le queda la opción de deshacerse de la jugada porque si la reanuda al mínimo error el noruego robará. Es una constatación, debido a que un par de goles han venido tras robos presionando. En campo propio cumple sobradamente debido a que tiene inteligencia para formar un doble pivote con el mediapunta o segundo delantero y tapar las líneas de pase interior al rival. A veces salta demasiado pronto, pero con esa edad y ese físico es comprensible. Cuando le sale, sale muy bien.

Erling Braut Håland ha aplastado en Noruega por inercia, porque la ropa de niño le iba a reventar en su cara. Aun así, es capaz de cambiar de muda y saber estar en distintas situaciones. Más allá de ese aspecto rudo se esconde un tipo inteligente, como demuestra que haya fichado por el Red Bull Salzburgo. Aterrizará a un fútbol que le dará lo que necesita para destacar pero que le exigirá aquello que debe tener para ser diferencial. El tiempo dirá, pero tiene carácter y talento para tener la última palabra.

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